INGRESO MÍNIMO VITAL: PALIATIVO Y CURATIVO

La crisis sanitaria provocada por el COVID19 con la consiguiente parálisis de la actividad económica, está teniendo un impacto devastador en el mercado laboral español, que se ceba especialmente en los colectivos más vulnerables, abundando en las previas situaciones de pobreza y exclusión social y disparando las solicitudes de ayuda de muchas personas que por primera vez, se acercan a los servicios sociales públicos y de las ONGs, a pedir ayuda por problemas de alimentación, medicinas o para pagar su vivienda.

En este contexto de emergencia social, la puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital enmarcado en el Sistema de Seguridad Social y entendido como un derecho subjetivo de carácter social de la persona, se torna en algo fundamental y por tanto su diseño, debe de hacerse de manera que vaya dirigida a quiénes en realidad lo necesitan y no se convierta en un instrumento de cronificación de la pobreza.

Es crítico que el diseño de Ingreso Mínimo Vital contemple la compatibilidad de su percepción con la actividad laboral, en determinado tiempo y cuantía, con el objetivo de que su percepción no se convierta en un desincentivo para trabajar, ni refuerce la economía sumergida.

En este sentido, es clave que el cobro del Ingreso Mínimo Vital vaya ligado a un itinerario real de acompañamiento hacia el empleo; itinerario personalizado, individual y holístico que contribuya a la inserción sociolaboral de sus perceptores. Que tenga un carácter “paliativo”, y vaya acompañado de medidas “curativas”.